El Crítico Que Se Reencontró Con La Magia Del Cine
Personalmente, creo que hay momentos en la vida de cualquier profesional, por muy curtido que esté, en los que la rutina amenaza con apagar la chispa. Y cuando hablamos de crítica cinematográfica, un oficio que exige una constante inmersión en historias ajenas, esa apatía puede ser devastadora. Por eso, lo que ha compartido Carlos Boyero recientemente en antena me parece no solo una anécdota, sino un faro de esperanza para todos aquellos que amamos el séptimo arte. Ha confesado algo que, viniendo de él, tiene un peso especial: está volviendo a disfrutar del cine, a salir de las salas con esa sensación reconfortante de haber vivido algo valioso.
Lo que hace esta confesión particularmente fascinante es el contexto. Boyero, conocido por su agudeza crítica y, seamos sinceros, por no regalar los elogios, ha estado expresando en los últimos tiempos una cierta desilusión con lo que veía. Es fácil caer en esa espiral de decepción cuando las expectativas no se cumplen, y él mismo ha sido muy claro al respecto. Sin embargo, este giro, esta recuperación del placer de ir al cine, no es un capricho pasajero. Él lo vincula directamente a dos películas que, según su análisis, han logrado sacudir esa complacencia.
El Riesgo Que Abre Puertas Inesperadas
Una de esas cintas es "Un poeta", una producción colombiana que, según Boyero, es "extraña, extraña en el mejor sentido de la palabra". Lo que me llama la atención de su descripción es cómo destaca el hecho de que la película no busca la empatía fácil. El protagonista, con una apariencia que "tira para atrás", es precisamente lo que la hace arriesgada y, para él, enormemente atractiva. En mi opinión, esto es apostar por el verdadero cine. Vivimos en una era donde la gratificación instantánea lo impregna todo, y una película que se atreve a presentar un personaje que no es inmediatamente agradable, pero que aun así logra contar algo importante, demuestra una valentía narrativa que escasea. Es un recordatorio de que el arte no siempre tiene que ser cómodo; a veces, su mayor virtud reside en desafiarnos, en obligarnos a mirar más allá de la superficie.
Sorrentino y la Maestría Que Sigue Cautivando
Pero si hay una película que ha encendido la pasión de Boyero, esa es "La Grazia" de Paolo Sorrentino. Él mismo lo dice: "A mí es un director que me interesa siempre". Y aquí, en esta ocasión, todo le ha salido bien. Lo que encuentro especialmente interesante es cómo resalta la "sutileza visual" y el "talante personal" de Sorrentino. No se trata solo de la historia o de los premios, como la merecidísima Copa Volpi para Toni Servillo, a quien Boyero considera uno de los mejores actores del mundo. Se trata de esa capacidad de un director para crear un universo propio, reconocible al instante, incluso cuando aborda dilemas morales complejos. La conexión entre Servillo y Sorrentino, esa "magia" que describe, es precisamente lo que eleva una película de lo meramente entretenido a lo verdaderamente memorable. Es la prueba de que, cuando un director tiene una visión clara y un actor capaz de encarnarla con esa profundidad, el resultado puede ser, como él mismo resume, "acojonante".
El Cine Como Refugio y Viaje
Más allá de los méritos individuales de estas películas, lo que realmente resuena en las palabras de Boyero es la experiencia de volver a sentirse transportado. "Durante un par de horas estoy en otro mundo", confiesa. Y es que, en el fondo, de eso se trata el cine, ¿no? De ofrecernos una vía de escape, una oportunidad para dejar atrás nuestras preocupaciones y sumergirnos en realidades distintas. Esta sensación, que él admite haber echado de menos tras un tiempo de "quejas" por el aburrimiento, es el alma misma de la experiencia cinematográfica. Lo que me hace reflexionar es cuántos de nosotros hemos caído en esa complacencia, cuántos hemos dejado que la mediocridad nos aisle de la posibilidad de ser sorprendidos y conmovidos. La ironía final de Boyero, al añadir que "estas dos tienen premios, joder, y está bien", es un guiño a esa parte de nosotros que, a pesar de todo, sigue buscando la excelencia y celebrándola cuando la encuentra. Me pregunto qué otras joyas estarán esperando a ser descubiertas, dispuestas a recordarnos por qué amamos el cine en primer lugar. ¿Estás tú también buscando esa chispa perdida en la pantalla grande?